Micrófono abierto. Algunos ejemplos tragicómicos desde Cuba

Foto: periodismo.umh.es
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La obra de teatro “El Juicio del P-O. La vida sin gas”, nació cuando el actor Leonel Valdés le dijo un día a su hijo: “Mira, por ahí va el tipo del peo”, y luego tuvo que contarle toda la trama.

Sucedió en La Habana, Cuba, en plena transmisión de la emisora Radio Reloj, cuando a uno de los locutores se le escapó un gas, sonido incluido, en medio de la lectura de noticias. Su acompañante solo atinó a reír.

He querido traer este suceso a colación como uno de los equívocos más sonados en Cuba y que conforman ese inventario de situaciones muy difíciles de arreglar en esa inmediatez radial o televisiva. Pero ese no es el único caso.

A uno que se le fue una malapalabra, y no precisamente un gas, fue a Armando Calderón, que cada domingo deleitaba a los más pequeños de casa con su “Comedia Silente”.

Calderón, apodado el “hombre de las mil voces”, acostumbraba a decir “queridos amiguitos, papaítos y abuelitos” y dicen algunos, otros lo desmienten, que en un momento de euforia combinó esta presentación con una frase que llegó a ganarle su expulsión. Habría mencionado el órgano reproductor masculino, pero ¡en cubano!

Algo parecido le sucedió a Rakel Mayedo, entonces conductora del programa Contacto, cuando recibió al actor español Juan Echanove, quien dijo sentirse “de P…..” en Cuba. Luego se justificó en cámara: “es que ustedes dicen así.”

Otro que fue sancionado en Cuba por decir lo que no debió fue el genial Enrique Arredondo. En un monólogo que versaba sobre el movimiento de cuadros, apuntó “y a este, ¿dónde lo cuelgo?”, mientras sostenía una imagen de cierto líder político.

Años después sería el turno de Julio Acanda, que padeció junto a todos los cubanos la sobresaturación de información en el caso de un niño balsero cubano. En su telediario “Al Mediodía”, cuando se quedó un micro abierto, dijo algo que motivó a los directivos a hacer cambios de plantilla, de estilo y hasta de nombre.

La expresión fue esta: “¿¡Otra vez con Elián!?”

Y un directivo de cierto semanario impreso en Cuba, al responder sobre la edición digital en Internet se jactó ante las cámaras de la televisora local: “Buhhh, ya nosotros tenemos varios astronautas”, cuando debió decir “internautas”.

En el ámbito deportivo dicen que Boby Salamanca narró un jonrón de esta manera: “la bola se va, se va y se fue pa´ la p ….. “, en tanto otro comentarista  acostumbrado a beber cerveza en plena transmisión, dijo a su compañero de batería que estaba procurando una botella: “la de abajo, Pachi, que está más fría.”

Recuerdo a la venezolana Isa Dobles en su programa “Isa da la Hora” que se transmitió en Cuba. En diálogo con Franco de Vita, este le responde: “pues, cuando yo me venía…”, de allí un pequeño secretico en cámara para aclaraciones y luego el autor de No basta, rectificó: “¿allá?, ¿sí?… entonces, “cuando yo regresaba.” Pues “venirse” en Cuba tiene otra acepción.

Alguien de la redacción cultural de un noticiero cubano, para dar un final bien “dramático” a uno de sus reportajes utilizó la frase siguiente: “ella se siente orgullosa de ser cubana….¡qué remedio no le queda!”

Mientras otra, al interrumpirse el telempronter solo pudo decir, asustada en cámara, (cuando se suponía que leer la noticia era la solución inmediata en tal caso) “es que se me quedaron los espejuelos”.

De aquella anécdota en Radio Reloj surgió una exitosa obra de teatro, escrita por Alexis Valdés y aderezada con elementos de ficción, pero la verdad es que a nadie le gustaría pasar a la historia entre los ejemplos más tragicómicos con micrófono abierto.

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