Yonisel: la originalidad de un nombre cubano

Foto: Yonisel
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Desde que Marlen descubrió que estaba embarazada, a inicios del año 1985, comenzó para ella, y para su esposo Miguel, una curiosa historia relacionada con encontrar el nombre que pondrían al bebé. Las conversaciones en torno a ese tema solían siempre postergarse, nunca parecía ser el instante adecuado para pensar o debatir sobre algo tan “fácil” de resolver. En ese momento les apremiaba prepararse para la celebrar la boda antes del nacimiento.

un nombre cubano
Foto: familia Yonisé

Marlen soñaba con tener una niña, sin embargo, el 19 de diciembre, a las 2:13 pm estaba llegando al mundo su primer hijo, un pequeño que “vino de nalgas”. El doctor dijo que se trataba de un milagro y, como si fuera poco, el niño nació con su manto, hecho que, aseguran, garantiza que tendrá algún don.

un nombre cubano
Foto: familia Yonisé

Estuvo un par de días en la incubadora por problemas respiratorios. En ese entonces aún no tenía nombre. Aquella tarea que inicialmente había parecido sencilla y resolvieron posponer, se tornaba más complicada y lo peor era que cada vez estaba más cerca el momento de decidir.

Fue así que, cuando Marlen y Miguel estuvieron frente a la señora que inscribe a los recién nacidos, todavía no sabían cómo se llamaría su pequeño y, además, aún les parecía que contaban con tiempo suficiente para decidirlo.

– Papás, ¿cómo se va a llamar su bebé? – preguntó la joven.

Marlen y Miguel se miraron. Tartamudearon. Pensaron. Volvieron a mirarse.

Ay, yo ni sé – dijo la madre un tanto insegura, un tanto desconcertada.

¡Ese mismo!, le ponen una “L” al final y ya está -replicó nuevamente la muchacha.

-A mí me gusta y está original – dijo Miguel con su voz gruesa.

Pues no hay más nada que hablar. Ponle Yonisel – dijo Marlen, quien observó a Miguel con una sonrisa y besó al pequeño luego de abrazarlo con la mirada tierna de una madre orgullosa.

un nombre cubano
Foto: familia Yonisé

Hoy Yonisel tiene 30 años de edad y no ha conocido a otra persona que se llame igual. Un hecho que, además de ser curioso, valida la originalidad de su apelativo. Prefiere que le digan Yoni, pues reconoce que es más fácil de aprender y pronunciar. No obstante, recuerda con nostalgia la historia que le contaron sus padres del nacimiento suyo y de su peculiar nombre.

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