Quiero vivir con mi papá y su novio: la historia de Amelia

Foto: Francesco83/shutterstock.com
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Sara y Abel se conocieron en la universidad y fueron los mejores amigos, compartían tantos gustos, tantos intereses, las mismas pasiones, que fue una amistad sólida desde el primer día.

Poco a poco la amistad se convirtió en amor, camaradería, confianza sin límites, dos personas inseparables, en las buenas y en las malas. Por eso decidieron casarse y fueron promesas sinceras las de esa unión.

Siempre quererse, siempre respetarse, sinceridad y confianza ante todo.

Amelia fue el fruto de ese inmenso amor entre sus padres, la alegría más grande que les llegó de su amor. Esa niña tiene lo mejor de ambos, la misma pasión del padre, el carisma de la madre.

Pero en uno de esos giros inesperados de la vida, porque la realidad siempre supera la ficción, Abel conoció a Andy y se enamoraron. Fue tormentoso, fue difícil de aceptar, era impensable, pero pasó.

Llegó enfrentar la verdad, confesar, el dolor, la decepción, la amargura, la rabia, el divorcio, la separación. En medio de todo fue admirable como dos personas a pesar del dolor, jamás hicieron daño a su hija.

Para Amelia en sus 15 años todo era incomprensible, no entendía nada de nada, sus papas se amaban, se llevaban tan bien, nunca los vio pelear o gritarse, de donde salía esto del divorcio.

Pero luego sus padres le explicaron todo y con la verdad, su papá ya no viviría en la casa, si no con su pareja. Luego vino conocer a Andy, saber que era un hombre, fue tan confuso.

El primer encuentro fue un almuerzo precisamente en casa de Andy, donde ahora vivía su papá. Él estaba tan nervioso por el encuentro, que ella realmente sintió pena de verlo así. Le prepararon su comida favorita y su postre predilecto, como el resto de las veces que fue a visitarlos.

Después le prepararon una habitación para que se sintiera bienvenida, le regalaron un perro para que fuera la mascota del fin de semana. Andy era una bella persona, se convirtió en su amigo incondicional.

Amelia amaba a su mamá pero siempre se entendió mejor con su papá, aquel apartamento era su verdadera casa. Le costó mucho confesarle cómo se sentía a su madre, vio como su corazón se rompió en mil pedazos por segunda vez.

Pero Sara, haciendo uso de toda su fuerza,  le dijo que ella era libre de decidir con quién vivir y que su papá tenía tanto derecho como ella. Siempre seré tu mamá y siempre estaré aquí.

Y así fue como Amelia terminó viviendo con su papá y la pareja de este y aun así considera que tiene una hermosa familia, con la que se siente feliz, respaldada, donde el respeto es para todos y el amor lo que los mantiene unidos.

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2 Comments
  1. Ruben says

    Que historia complicada para Amelia. Complicada decision para Amelia. Espero que continues haciendo magnificamente tu labor periodistica.

  2. Mluleki says

    Q linda la historia… Muy conmovedora… Me encantan cuando tienen un buen final..

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