Tipos de vecinos en un apagón en Cuba

Foto: Jason Samson
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Ya no son tan comunes como en los años 90, pero los apagones o alumbrones en el peor de los casos, formaban parte intrínseca de la vida del isleño. Hasta aprendimos a disfrutar del desagradable momento gracias a ese carácter único que tenemos.

Obviamente nos perdíamos la novela, las aventuras y cualquier otro programa dependiendo del horario estipulado para el corte eléctrico, pero la diversión no faltaba. Siempre aparecían distintos personajes para hacer de ese tiempo un momento menos aburrido.

El primero en salir a escena era el o la chismosa: Su objetivo era averiguar hasta cuando sería el apagón, cuáles eran los circuitos afectados y luego darlo a conocer. Además también se encargaba de mantenerse vigilante con su “visión nocturna” para no perderse discusiones, comentarios y pases extraños en el barrio.

También hacía aparición el cuentero: Nada más se apagaban las luces plantaba su taburete afuera y dedicaba el momento para contar historias graciosas de familiares en el campo, o terroríficas narraciones de miedo.

Tampoco tardaba en presentarse el jodedor: Su misión durante las horas interminables de apagón era poner el matiz cómico al asunto. Lo mismo se travestía que tomaba el personaje de fantasma para hacer todo tipo de maldades. Esconder objetos, gritar como si algo grave pasara o sencillamente dramatizar alguna escena de la novela.

No faltaba la madre preocupada: Aquella que durante la interrupción del fluido eléctrico gritaba a toda voz ¡Yaaannndyyyyy, entra, te quiero al lado mío! Y el pobre niño salía como alma que lleva el diablo entre molesto y llorando por no poder pasar los momentos de oscuridad jugando con sus amiguitos.

Por último entraba a la función el inventor: Este se proponía reunir la mayor cantidad de vecinos para armar una especie de campamento. Como ya se sabía que la luz no vendría hasta la mañana y con tanto calor era imposible dormir dentro de la casa, organizaba una acampada barrial, que iba desde colchones en las azoteas portales y hasta en la acera. También inventaba actividades, y cuando se le acaba la imaginación mandaba a todos a dormir.

Gracias a estos personajes tan peculiares y cubanos los apagones tan molestos eran más llevaderos, y aunque no son instantes que se extrañan, lo que siempre recordamos es la manera de compartir con los vecinos como si fueran familia.

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1 Comment
  1. Mary says

    Hahaha, yo me sentaba en el parque a conversar hasta que se iban todos a sus casas con sueño, no fue fácil, pero la pasábamos bien.

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