Oler a yuma, la historia de Amanda

Foto: simonovstas/shutterstock.com
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Amanda tiene 18 años y siempre le ha gustado solo lo bueno. Ella tiene que oler a yuma, como le gusta siempre presumirle a la gente. El perfume, la ropa, los zapatos, el shampoo, el desodorante, todo, absolutamente todo, tiene que ser de marca.

Sus padres se divorciaron cuando era pequeña y su papá nunca más se ocupó de ella. La mamá le ha dado todo lo que ha podido y más, con mucho trabajo y sacrificio, pero nunca parece ser suficiente.

El preuniversitario al que asiste es una cuna de chicos con posibilidades económicas muy alejadas de las suyas. Todos tienen celulares de última generación, converses de varios colores y ropa a la moda. En su mente para encajar y ser popular tiene que tener las mismas cosas que los que le rodean.

Todos los días llega a casa quejándose de su mala suerte, atormentada porque no puede llevar meriendas con refresco de latica  y pan con jamón, cuando eso es lo que todos comen en su aula.

No ve el sufrimiento en la cara de su madre cuando le dice lo infeliz que es y siempre logra que esta termine accediendo a sus injustos caprichos. Tampoco ve que cuando come pollo o carne, su mamá espera a que ella no la vea para freírse un huevo.

Nunca lleva a nadie a su pequeño apartamento, porque se avergüenza de no tener buenos equipos electrodomésticos como un plasma o un refrigerador de los que hace hielitos. Todo lo ve feo en comparación con las casas de sus amigas, llenas de cosas buenas “de afuera”.

Ni siquiera cuando cumplió los 15 años le permitió a su madre hacerle una pequeña celebración en su casa. Si no era a lo grande, prefería no hacer nada y mentirles a todos diciendo que lo pasó en un hotel 5 estrellas en Varadero. Por supuesto sus fotos le parecieron horribles y nunca las enseña, prefiere decir que esa tradición es muy chea para su estilo.

Muchos consideran que la culpa es de la madre porque la consiente demasiado. Aseguran que el amor y las ganas de darles todo a los hijos no pueden opacar valores, que también necesitan conocer como la humildad y el sacrificio.

Ahora su madre solo reza porque Amanda no aprenda por las malas que en la vida no todo es oler a yuma.

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