«Me voy como sea»: la historia de Cristian

Foto: Juan Carlos Villagómez/Aviación Guayaquil
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Cristian siempre fue un tipo de la calle, luchador a más nos poder. En sus 48 años no había quién le hiciera un cuento. Tenía dos hijas mayores y casadas, además de dos nietos (niña y niño).

Pero con las mujeres él no tenía estabilidad. Trabajaba de carnicero y eso le daba grandes dividendos que gastaba en buena comida, fiestas y mujeres. Las tenía como decimos los cubanos, “a pululu”.

La última que logró atraparlo fue Saily, 23 años menor que él, salió embarazada y tocó formalizar la relación. Pero ella no escapó a la horda de infidelidades a las que Cristian estaba acostumbrado.

Fuera de las mujeres su única obsesión era irse de Cuba. Ya lo habían interceptado nada menos que 18 veces rumbo a Estados Unidos en lancha. Pero nunca desistió.

Después de unos años sin intentarlo viajó hasta Ecuador para continuar camino por la frontera hasta tierra americana, y por fin lo logró.

Dejó en Cuba a su familia, su hijo de 1 año, pero comenzaba a cumplirse su sueño. Tenía muchos defectos, pero ser holgazán no era uno de ellos.

Casi inmediatamente comenzó a trabajar en una factoría y a ayudar a los suyos. Pero no todo fue color de rosa. Además del viaje tortuoso, la bella Saily no iba a desperdiciar su juventud esperando por un mujeriego, así que se buscó lo suyo.

Cristian por otro lado aunque extrañaba, seguía siendo el mismo, no salía de las discotecas y las cosas con mujeres. Y todo esto lo llevó a ir perdiendo el contacto con su hijo.

Al principio llovían las fotos, las llamadas, pero poco a poco se fueron haciendo menos, a tal punto que el niño no lo reconoció en su primer viaje a Cuba, y aquellos lo mató por dentro.

Se dio cuenta que el tiempo es oro, y cuanto lo dediques a las personas que amas es fundamental para ser feliz. Y con esa experiencia regresó siendo un mejor padre y persona.

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