“Me divorcié de mi hija”: la historia de Evaristo

Foto: Pierre Jean Durieu / Shutterstock.com
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Evaristo era ya un temba como decimos los cubanos, picaba los 50 años muy bien conservados. A estas alturas todavía se podían descubrir rasgos que delataban su belleza masculina de años atrás.

Era chofer, manejaba un “almendrón” por toda Cuba como taxi interprovincial y como los marineros en cada puerto, el hombre tenía un amor en cada provincia.

Estaba casado, claro, y con una niña de apenas un añito, pero lo importante en aquel tiempo era divertirse de lo lindo y gastar dinero a manos llenas, “total”, para eso trabajaba.

Un buen día uno de esas aventuras le dio más fuerte y decidió divorciarse de su esposa Nélida, y con el tiempo también de la pequeña Nadia.

Con nueva familia no tenía tiempo ni dinero para más gente. Tuvo otras tres hijas que conocieron a la hermana de oídas, y físicamente unos 30 años después.

Evaristo no participó de los 15 de Nadia, de su boda y ni siquiera supo cuando nacieron sus nietos. Por suerte Nélida había sido muy buena madre y conseguido un padre adoptivo para su nena, que funcionó mucho mejor que el biológico.

Los nietos le dijeron abuelo a otro que se ganó el nombre con creces. Solo conocían a Evaristo porque Nadia lo había señalado una vez en la calle.

El dolor de niña abandonada pasó, y el corazón de Nadia abrió sus puertas un verdadero padre que no llevaba su misma sangre, pero en definitiva fue el mejor abuelo para sus hijos.

Celebraban en familia cada domingo. Sonreían, paseaban, lo tenían todo. El cariño era más grande cada día.

Hoy Nadia conoce a sus hermanas, no tienen tanta confianza, pero se relacionan, sobre todo con la más pequeña, que decidió formar parte también de la nueva familia. Pero Evaristo está solo. Ya no tiene esposa, y su descendencia tampoco ven en él al padre querido.

Un par de veces fue a visitar a su primera hija, esta lo recibió, pero ya el tiempo perdido no tenía remedio, el cariño no es cosa de un día, y solo en ese momento logró comprenderlo.

Hoy enfermo y solo, Evaristo se arrepiente de una vez haberse divorciado de su hija.

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