Los muñequitos

Foto: Haso/shutterstock.com
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Tengo la impresión de que los niños cubanos de hoy no tienen las mismas opciones que tuvo mi generación en lo que respecta a los dibujos animados. Cierto que ya no me detengo tanto frente al televisor a disfrutar lo que en Cuba llamamos “los muñequitos”, pero cuando lo hago desfilan ante mí casi siempre los mismos personajes. O al menos así me lo parece.

Algún hipercrítico dirá que antes era igual. Y cuando digo antes, me refiero a los años ochenta y noventa, justo cuando mi generación dio el salto de la cuna a la universidad, pasando por los escalones intermedios. Dirá —vuelvo al hipercrítico— que entonces solo ponían muñequitos rusos, más los de Elpidio Valdés y algún norteamericano. Y aunque en parte tendría razón, en otra buena parte no. Me explico.

Ciertamente los muñequitos rusos, categoría que englobaba los animados del extinto campo socialista, resultaban mayoritarios. Gracias a eso, los nacidos en los setenta y tempranos ochenta conocimos a la liebre y el lobo de Deja que te coja, a Pedrito el policía, los hermanos Mirlo, Lolek y Bolek, Fantito, Plumita de Oro, el perrito Rex, el cartero Fogón y los amigos de Leche Cortada, Orejitas a cuadros, el Antílope Dorado y muchos más. Y aunque algunos de ellos eran todo un castigo, otros llegaron a divertir a mi generación.

Pero había más. Los muñes cubanos superaban con creces las antológicas aventuras de Elpidio Valdés. Junto al coronel mambí y su caballo Palmiche también conocimos al pionero Cecilín y su cotorra Coti, a los inseparables Guaso y Carburo, la abuela Chuncha, el Negrito Cimarrón, el Majá Vivo, Matojo, Pin Pin Saltarín, la Gamita Ciega y los soldaditos que salvaban el huerto escolar.

¿Y qué me dicen de los animados japoneses, con Voltus V, Mazinger y Ulises XXXI entre los más gustados? ¿Y de los españoles, que incluían a David el Gnomo, El pequeño Cid y Los Fruittis? ¿Y de la fabulosa serie francesa Érase una vez la vida? Y estaban, claro, los norteamericanos, con Mickey, Donald y compañía, más los Looney Tunes comandados por Bugs Bunny, más Tom y Jerry, Huckleberry Hound, Scooby Doo y el resto de los personajes de la factoría Hanna-Barbera. Y así podríamos llegar al infinito.

Todavía hoy se repiten algunos, y a ellos se han sumado otros, en su mayoría estadounidenses, como Dora, Ben 10 y la extensa tropa de Cartoon Network. Pero ya no es lo mismo. Al menos a mí me falta la variedad y la frescura de antaño, la coexistencia pacífica entre soviéticos y yanquis, cubanos y japoneses, así, como si tal cosa, en la pantalla del televisor. Yo, ciertamente, ya no me río con ellos como antes. Aunque tal vez sea que simplemente me estoy poniendo viejo.

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