Lo que aprendieron los cubanos con la serie “Aquí no hay quien viva”

Foto: www.atresplayer.com
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Quizá ninguna serie televisiva describa mejor el día a día de una comunidad de vecinos como la española “Aquí no hay quien viva” (ANHQV), comedia que transcurre en un edificio de ciudad desconocida que bien pudiera ser la nuestra.

Y me permito esta aseveración no ya por las situaciones que se suscitan en “Desengaño 21” (el nombre de la calle de por sí es ocurrente) sino porque considero ideal la trama de esta producción audiovisual para ejemplificar todas las actividades que pueden surgir entre inquilinos de la realidad cubana, hablamos de vecinos, gente que vive cerca.

ANHQV es parecido a un solar cubano, donde persisten conflictos vecinales, relaciones sociales, relaciones amorosas, normas de convivencia, juntas y asambleas.

En ANHQV, la junta de vecinos es una de las principales actividades que se convocan en el bloque de tres pisos, donde coexisten desde un portero (Emilio), tres señoras de la tercera edad (Concha, Marisa y Vicenta), una pareja joven (Lucía y Roberto), dos chicas solteras (Belén y Alicia) y Juan Cuesta, presidente de la comunidad, que vive con su esposa y dos hijos, entre otros personajes de la serie cuya lista sería extensa de mencionar.

Cuesta intenta persuadir a los vecinos y se encarga de resolver conflictos a través de asambleas. Los jóvenes se reúnen en el videoclub donde tienen establecido el “consejo de sabios” y las abuelas se dedican a conversar-chismear amigablemente, lo que llaman irónicamente “Radio Patio”.

Aquí no hay quien viva
www.formulatv.com

La serie española Aquí no hay quien viva tuvo versiones en varios países: Grecia, Francia, Italia y Portugal. También Argentina, Colombia, Venezuela y México donde casualmente se le llamó “Vecinos”.

Además de aportarnos humor, frescura y situaciones de la cotidianidad, es una muestra de que en nuestros barrios en Cuba pueden surgir cursos de capacitación, torneos deportivos, reuniones más o menos agradables, fiestas de cumpleaños u otras celebraciones, solo con la voluntad y el concurso de los que allí viven.

Si le parecieron intrascendentes los ejemplos del párrafo quinto, sepa que en “Desengaño 21” los vecinos también fueron capaces de:

– desarrollar un campeonato de baloncesto.

– echaron a andar una radioemisora comunitaria.

– filmaron una película con la participación de todos.

– organizaron una patrulla de vigilancia.

– hicieron frente a un fallo en la caldera del edificio.

– celebraron el advenimiento del nuevo año.

Estos, entre otros muchos, son muestras de lo que podemos hacer en comunidad, donde usted puede ser protagonista y no mero espectador de su realidad circundante.

Si nos apropiamos de lo que ocurre en la serie y lo llevamos a nuestra realidad cubana, descubrimos que, salvo la voluntad y la creatividad, no importan el sexo, las diferencias generacionales o la posición económica de los vecinos, solo la voluntad de propiciar actividades que beneficien a todos.

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