La leyenda del burro Perico de Santa Clara

Foto: islafamosa.wordpress.com
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Podría haber sido perfectamente el “Burro” de los animados de Shrek, el transporte de Sancho Panza, o Ígor uno de los amigos de Winnie Pooh, pero no, Perico es símbolo de una ciudad cubana: Santa Clara.

La capital villaclareña ostenta su figura como homenaje en la intercepción de tres importantes avenidas de la urbe. Una escultura de metal oxidado personifica al asno que todos en la localidad conocen bien. Aunque casi nadie recuerda el nombre de aquellas arterias, pues desde tiempos inmemoriales fueron apodadas todas por la zona del “Burro Perico”.

Según cuentan las historias, Perico en la primera mitad del siglo XX, pasó de ser un animal de trabajo a tirar de un carrito de venta de helados. Pero la comodidad no le duró mucho, pues un día el miedo a la lluvia, lo llevo a romper las sogas que lo ataban y la indetenible carrera destruyó la mercancía que llevaba y despertó la ira de Eusebio (dueño temporal del asno).

No tardó entonces en regresar con su dueño Bienvenido Pérez Leal, ahora para emprender otro negocio donde el jumento hacía de recolector de tercerolas de manteca, y más tarde dedicaría a su fuerza a transportar mil botellas vacías en cada viaje de recolección por toda la ciudad.

Tiempo después la modernidad hizo inútil a Perico, un camión fungió de sustituto en el negocio de botellas, y a partir de ahí comienza el epigrama que lo hizo inmortal en la más central de las provincias de Isla.

El estrenado desempleo del burrito, devino en recorrido habitual por las calles empedradas de Santa Clara como su hábitat natural, el único que conocía.

De ahí, por lo poco común del suceso llamó la atención de niños y reprodujo escenas de los infantes dándole caramelos, pan y alimentos al asno como si de una mascota se tratara. La fuerza de la costumbre lo llevó a reclamar puerta a puerta su derecho adquirido a la buena comida.

Así Perico se transformó en figura pública de una ciudad entera, al punto de enfrentar acusaciones de pastar en el parque central o altercados con agentes del orden público, y estas no prosperaron por ser el animalito más querido de la urbe santaclareña.

Su muerte fue de esas plácidas que llegan con el sueño,  y sacuden a un mar de pueblo desfilando a su lado envuelto flores y lágrimas.

Y aun después de más de 50 años, la estatua del Burro Perico domina alegre el paisaje intermedio entre el Parque Leoncio Vidal y estadio Augusto César Sandino de Santa Clara. Convertido en leyenda viva por cada poblador de la ciudad, porque forma parte de sus vidas, y la imagen de aquella mascota popular lo recuerda cada día.

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1 Comment
  1. Xiomars Rodriguez says

    Yo recuerdo por las tardes siempre salia a la ventana a decirle adios a Perico.Siento en mis oidos a los 65 años la voz de mi madre:Xiomarita ahi viene el burro Perico.

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