La historia de “La Milagrosa” del cementerio de Colón

Foto: ppart / Shutterstock.com
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La leyenda de La Milagrosa nació de la mítica historia de amor entre José Vicente Adott y Amelia Goiry de la Hoz, dos eternos enamorados cuyos sentimientos rebasan el siglo de existencia.

Un amor que quedó trucado en la juventud debido a que Amelia, muriera dando luz con solo 23 años, en mayo de 1903. Según la leyenda la bebé tampoco superó el parto y ambas fueron enterradas en la misma tumba, que diariamente se veía visitar al desafortunado viudo.

Por años se mantuvo José Vicente, al pie del sepulcro de su familia, cuya muerte nunca aceptó. Por eso los despertaba cada día con toques como si el fallecimiento solo se tratara de un sueño temporal del cual saldrían en algún momento. Al retirarse nunca le daba la espalda, y eso hacen también los que hoy la visitan.

Más tarde cuando Adott hubiera de exhumar los restos de sus seres queridos, 13 años después, en el cementerio de Colón (en La Habana), se daría cuanta de que ambos cuerpos permanecían intactos, abrazados, como si aún vivieran, como si el tiempo no hubiera pasado. De ahí que se cerrara la bóveda nuevamente y se conservara intocable hasta los días actuales.

A partir de entonces La Milagrosa más que una historia, devino en una leyenda que mezcla el misticismo, el amor y la fe. En la actualidad es venerada por millones de personas, no solo en la isla, sino también en México, Chile, Argentina, Venezuela, España, Italia, Francia y Alemania… en muchas naciones, cada una a su manera.

Y este mito fue la inspiración para el escultor cubano José Vilalta Saavedra, quien en 1914 realizó una obra en tamaño natural de mármol de Carrara, dando vida a la figura de una mujer joven, cuya vista se dirige hacia lo alto en señal de fe. La fémina lleva en sus brazos una criatura recién nacida y se apoya en una cruz en señal de sacrificio, y también representa el día de su muerte (Día de la Santísima Cruz).

Cuando la historia se hizo conocida, los antillanos y en especial los de la capital isleña, convirtieron la tumba de Amelia y un lugar de procesión, de ruegos por el éxito de los partos para madres e hijos, por lo no nacidos, por la fecundidad. Dicen que la chica reencarnó en la estatua en su honor y concede milagros a quienes la veneran, por eso Amelia Goiry pasó de ser una dama de alcurnia a La Milagrosa del Cementerio de Colón.

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