Un homenaje a Cuba en medio de Quito

Foto: KalypsoWorldPhotography/shutterstock.com
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Cuando vives fuera de Cuba, la nostalgia te acompaña, creo que es por eso que cualquier mínima cosa que haga alusión a nuestra tierra nos emociona. Puede ser encontrarse con un cubano en el bus, desde que escuchas el acento ya quieres decirle: tú eres cubano, yo también.

O puede ser una canción en la radio, hasta “El taxi” te emociona, o ver una bandera cubana, simplemente estás tan necesitado de Cuba que todo parece disparar el gatillo de la añoranza.

En mi caso me pasó algo muy lindo con la estatua de José Martí en Ecuador, que se ubica en la céntrica avenida Mariana de Jesús y avenida América, al norte de Quito. Mi jefe en aquel entonces me había mandado a realizar un pago, pero en ese momento aún no conocía bien la ciudad y no sabía que iba a pasar cerca del monumento.

Estaba en una etapa difícil en Ecuador, llevaba pocos meses desde que había llegado, por lo que apenas estaba descubriendo lo que es ser inmigrante y alto precio que se paga. Recuerdo como si fuera hoy que alce la vista y me encontré a Martí, enorme y cálido, en medio de esta ciudad que me parecía tan fría siempre.

Y empecé a llorar, en medio de la calle y sin poder controlarme. Ver al héroe más grande de mi tierra, del que hay un busto en cada escuela y en cada esquina de mi isla fue cómo saber que hay un pedazo de Cuba en todas partes del mundo.

Me sentí orgullosa de ser cubana, porque hubo un hombre tan grande como Martí y porque somos un pueblo que ha hecho historia. Porque jamás olvidamos de dónde venimos y amamos nuestro país, aunque hayamos decidido vivir en otro.

Todavía dentro del banco se me escapa alguna lagrimita, pero me dije que tenía que sonreír, ponerme fuerte y seguir luchando, que para eso yo era una cubana.

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