Historia de Maricela: “Cirugía menor”

Foto: Eduardo García Cruz
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Todos los días, casi al caer la tarde, Maricela iba puerta por puerta de la Policlínica Comunitaria donde trabajaba y daba la señal de aviso: “ya tengo la llave”.

De ahí todos dejaban de trabajar (o de hacer que trabajaban) y se reunían en un pequeño local. Ahí estaba Fer, el informático, Valeria, la farmacéutica, junto a María y Maricela, enfermeras.

Esta última se encargaba de traer, desde su casa, un DVD con pantalla acoplada que era imprescindible para la actividad “recreativo-cultural.” Todos tenían memoria USB, pero Maricela traía colecciones en formato CD y entonces se le daba prioridad.

Encima de la mesa, donde minutos antes se quemaron y operaron verrugas o quistes sebáceos, se ponía el reproductor multimedia y arrancaba el filme. Era poco más de una hora de relax y los asistentes formaban tronco de relajo, pero calladitos.

La fiesta audiovisual tenía sus debates y pausas donde Fer se apoyaba en lo ya visto para “alfabetizar” a las chicas: “¿Ya vieron? Así es como deben hacer ustedes. ¡Así!”. Y acto seguido hacia un performance donde ejemplificaba lo anterior.

De hecho, alguna vez surgió cierta atracción entre Fer y Maricela, pero los demás integrantes del “club secreto” no supieron si hubo algo interracial entre ellos o se quedó en el terreno de la chivadera y la “didáctica”.

Un día, los 4 cinéfilos casi fueron sorprendidos por la directora del policlínico quien desandaba los pasillos del centro junto a una delegación de Salud Pública provincial y representantes del gobierno local. En esos casos había que pausar la película, apagar el aire acondicionado, hacer silencio o bien armarse de una buena explicación por si tocaban la puerta.

Pero no, el grupo casi siempre salía airoso de estos imprevistos. Además de ocupar un local de consulta, de burlar la jornada laboral y gastar no sé cuántos kilowatts del plan energético, lo que veían y dónde lo veían podía ser motivo de expulsión del centro de trabajo.

Esta historia se parece a muchas otras. Solo cambiarían los nombres de los personajes, los horarios y el entorno. Lo mismo puede acontecer en medio del trabajo o la escuela, en las llamadas “guardias” nocturnas, cualquier día del almanaque.

Después de la exhibición del filme, (el corto o el largo) Maricela recogía su DVD y cada cual regresaba a su puesto de labor y luego a casa, no sin antes encomendarle a alguien en específico la copia de los archivos en memoria USB y el lugar donde podía conseguirlo.

Así transcurrían esos fragmentos de los días para Valeria, María y Maricela que, apoyadas en el experimentado Fer, tenían un divertimento común y una forma de amenizar sus noches matrimoniales, con cierta sandunga añadida para sus parejas donde los orgasmos eran, o bien escasos, o bien planificados.

Esto se lo debían al encuentro vespertino, aderezado con debates, alcohol de 90, expresiones de asombro, risas y placer, que todos llamaban cariñosamente “Cirugía Menor”.

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