Historia de Camila: Lo que dejé al salir de Cuba

Foto: Adam Jones
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Camila (nombre que usaremos para proteger su identidad) fue siempre una niña hermosa. Desde pequeña su belleza admiraba a muchos y se ganaba piropos de gratis. Pero ella siempre tuvo un sueño. Tal vez en cuanto comenzó a ser conciente de su atractivo supo que podía sacarle provecho para lograr sus metas.

No fue jinetera (mujeres cubanas que se prostituyen), al menos eso dice ella, “no vendí mi cuerpo ni tuve sexo por interés, solo aproveché mis cualidades físicas o mis atributos, como quieras llamarle niña, para hacer lo que yo quiero, pa´ vestirme bien y vivir mejor”.

Pero esas fueron sus primeras ambiciones. Camila luego quiso mucho más. Ya se veía viviendo fuera de Cuba, en una casa enorme, con carro y con “bastante piticlini en el bolsillo (forma de nombrar al dinero en Cuba), eso es vida, lo demás es bobería”.

Desde que le pasó por la mente esa idea se concentró en ello. No fue muy fácil al inicio, pero su perseverancia la llevó a ese día en el que por fin se montó en un avión rumbo a México, por supuesto, ese no era su destino final, pero si un buen paso para alcanzarlo.

Después de deslumbrarse con lo desconocido, de mirar perpleja las grandes edificaciones y de comer lo que nunca había pensado que existía, llegó para Camila una etapa que ella no había planificado. “El gorrión me empezó a comer por una pata, ya no sabía que hacer para alegrarme y dejar de extrañar a mi familia, dejé mucha gente querida atrás, pero no me queda más remedio que seguir”.

Una mañana se pudo marchar hacia Estados Unidos, entonces iniciaba la lucha por la residencia. Confiesa que fueron horas de desesperación y lágrimas, el sueño americano se le presentaba como una conquista a los sentimientos puros y una lucha por mantenerse en pie a pesar del dolor por la nostalgia y la lejanía.

Cuando ya alcanzó sus primeras metas del american way of life y reunió algún dinero para regresar al rencuentro con los suyos, se sintió extraña en su propia casa. La tierra que la vio crecer, le parecía ajena, pero seguía oliendo a PATRIA, a MADRE.

Camila tiene todo lo material que soñó. Pero sacrificó lo más importante. “Siempre perdemos algo en el camino de la vida, dejé a mi adorada familia, pero siento que volveremos a estar juntos para siempre en algún momento. Ojalá así sea”.

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