Hijo de gato caza ratón: Beisbol cubano

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La pelota, una de las grandes pasiones del cubano, ha sido también testigo de cómo los hijos siguen los pasos de sus padres. Es un fenómeno al que no ha estado ajeno el deporte. De ahí que grandes glorias del béisbol en la isla han visto crecer a sus hijos en el terreno y desarrollarse en ese campo.

Cubanos Gurú les deja algunos ejemplos en este post:

Lourdes Gourriel y Yulieski Gourriel:

Lourdes es conocido como El Hombre de los Grandes Momentos, jugó dos veces para el equipo Cuba y obtuvo el título de MVP. Fue un excelente manager del equipo de Sancti Spíritus. Su hijo, inició sus prácticas desde muy pequeño y logró que se le reconociera no solo como un buen jugador sino, además, como uno de los mejores bateadores.

Víctor Mesa y Víctor Víctor:

Víctor Mesa brilló en la época de oro del béisbol en Cuba, se incluyó entre los 100 mejores deportistas cubanos del siglo XX. Su hijo Víctor Víctor se destacó como jardinero en el equipo Cuba juvenil y ha representado a la isla en importantes eventos de béisbol.

Ermidelio Urrutia y Henry Urrutia:

Ermidelio es original de Las Tunas y fue reconocido con la distinción de Gloria del Deporte Cubano, dirigió el equipo tunero en 4 Series Nacionales y logró que, por primera vez clasificara para jugar en los play off. Henry, participó en 5 Series Nacionales, aunque en sus inicios no deslumbró mucho al público, con su trabajo logró convertirse en uno de los jugadores fundamentales de su equipo y uno de los más poderosos a la ofensiva en los últimos tiempos.

Lázaro Vargas y Miguel Antonio Vargas:

A Lázaro se le conocía como la Bestia Negra, siempre jugó para el equipo Industriales y en las series oficiales jugó en todas las posiciones. Dirigió a los Industriales. Miguel Antonio, su hijo, comenzó desde temprano a jugar en las categorías menores de 15 años. Debutó en la Serie Nacional con solo 15 años de edad, formó parte del equipo nacional que salió campeón en el II Campeonato Mundial de Béisbol Sub15, en México, en 2014.

Héctor Olivera y Héctor Olivera Jr.:

Comenzó en las Series Nacionales con solo 18 años de edad. Jugó para varios equipos de la zona occidental y recibió la distinción de Gloria del Deporte Cubano. Su hijo debutó en la Serie Nacional también con 18 años. Desde ese momento ha cosechado triunfos y ha recibido reconocimientos nacionales e internacionales.

El amor por el béisbol escapa a pocos cubanos. De ahí que a los hijos de los peloteros les llegue con más fuerza, reciben un poco de pasión gracias a la información genética, el resto les llega “por la cuota”.

No caben dudas de que la pelota es mucho más que el deporte nacional de Cuba, es reflejo de nuestra cultura, es tradición y es, sobre todas las cosas, un pedazo importante de nuestras vidas.







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