Guarapo en Quito, ¡Sí, señor!

Foto: lezumbalaberenjena
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El mercado de La Ofelia, al norte de Quito, es un lugar donde puedes encontrar de todo, desde un mando de control remoto, un chip de Movistar, una onza de café lojano o un melón.

Allí van todos los fines de semana algunos cubanos que residen en el Ecuador, a conseguir provisiones para la semana y abastecerse de insumos que, en otros establecimientos, serían mucho más costosos.

Desde que desembarcas en este sitio ves a pregoneros de todas las edades ofreciendo sus mercancías en plena calle: aquel te ofrece “chompas”, que es como se le llama a los abrigos, por un dólar te venden una bolsa de remolacha y zanahorias, mientras un niño, de quizá 11 años, te implora porque lleves un rollo de papel sanitario.

Hay toda una arteria para la venta de mercancías, sitios pequeños en los portales y en las aceras. Hay pregones y pregoneros de todo tipo, hay regateo y rebajas, taxistas y predicadores.

Habíamos visto de todo en esta Feria, pero hace poco nos detuvimos en un sitio singular que ya desde lejos resulta atractivo para los nacidos en la Isla.

La escenografía eran dos cañas altas que resaltaban entre los toldos y construcciones rústicas y muy cerca se veía gente bebiendo un líquido verde claro en diminutos vasitos plásticos.

Foto: del autor
Foto: del autor

Hacemos escala en el kiosquito y le pregunto, un tanto admirado, al que vende “¿Es guarapo?”. “Sí, mi señor”, me dice el joven y acto seguido, desenfundo el dinero y prosigo la conversación-entrevista.

¿Y cómo se le llama a este aparato?
Trapiche.

Lo curioso es que así también se le dice allá. Los trapiches son pequeños molinos para triturar la caña de azúcar y extraerle el jugo. Hubo algunos movidos por animales, pero esta designación se emplea para nombrar a micro fábricas o industrias.

– ¿Y la variedad de la caña?
“Limeña. Y esta es caña negra”, responde el chico, mientras corta trozos con cascara ya listos para la molida.

El muchacho explicó que esa caña la traen de un sitio que está a dos horas de la capital y nos ofreció comprar pequeños trocitos de la gramínea, preparados en fundas y cortados para degustar.

Guarapo en Quito
Foto: del autor

Nosotros nos contentamos con beber un vasito de cincuenta centavos que, por unos instantes, en aquel rinconcito del mercado La Ofelia, nos hizo volver a Cuba, a sus guardarrayas y sus cañaverales.

Si bien no tenía el sabor de una “medialuna” o una “pepecuca” criolla, aquel guarapo quiteño estaba sabroso y refrescante al paladar. Pero no me bastó.

Entonces me llevé un trocito a la boca y comprobé, confirmé que como la caña de Cuba no hay.

Guarapo en Quito
Foto: del autor

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