Guapo y fajao

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Guapo y fajao
Foto: Vladimir57 / Shutterstock.com

Nos conocen por el boxeo. Así de sencillo. Es histórica nuestra fama bien ganada a nivel mundial por ser tierra de grandes pugilistas.

La lista es realmente impresionante. Ya sea de atletas amateurs o profesionales, hay muchos cubanos en la élite. Kid Chocolate, Stevenson, Savón, Rigondeaux, Kindelán, Gamboa, Lara, Garbey y unos cuantos más.

Y en competiciones olímpicas los grandes resultados de Cuba siempre estuvieron apuntalados por “piñazos”. Si falla el boxeo no hay buena actuación. Tal como ocurrió en Beijing hace 8 años donde Cuba se quedó sin medallas de oro por primera vez mientras que del resto de deportes solo se sacaban 3 doradas.

Históricamente este deporte en nuestra isla presenta un medallero como pocos en el mundo. Suman 34 títulos, tenemos 19 subcampeones y 14 cubanos han logrado medallas de bronces, para un total de 67 preseas.

Sería la sobresaliente actuación en Barcelona 1992 la mejor de todas (también la mejor de Cuba en el medallero general) con 7 campeones olímpicos y 2 subtítulos cuando todavía eran 12 las divisiones.

Pero ahora la cosa se puso dura como en otros tantos deportes. A esta edición de Rio llegan también los profesionales, se les quita el casco protector (no se hacía desde Moscú 80) y además la Asociación Internacional de Boxeo AIBA está reemplazando el sistema computarizado de puntuación introducido en Barcelona 1992. Como en las peleas profesionales, los jueces en el cuadrilátero en Rio 2016 decidirán quién será el vencedor de cada asalto.

La escuadra cubana logró recientemente reconquistar el título en la VI Serie Mundial de Boxeo y para muchos es esperanzador tal resultado, pero los olímpicos son otra cosa.

Mientras que el panorama en las demás disciplinas no parece esperanzador, son los pugilistas quienes tienen la “misión” de levantar a Cuba. En los próximos días también estaremos en ese ring del Pabellón 6 del Riocentro, tirando uppercuts, jabs y rectos al aire, imitando a los dorados de antaño y luchando, como dice el dicho “guapo y fajao”, no queda otra.








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