Esquinas famosas de La Habana

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Esquinas de La Habana

La Habana crece y se multiplica, y con ella también se multiplica su magia, recreada en la personalidad de sus esquinas. Es raro encontrar una esquina habanera que no esté llena de historia y de anécdotas. Te invito a un recorrido imaginario por algunas de ellas.

Empecemos por el Vedado y su famosa esquina de L y 23, porque, ¿dónde si no? A un lado el majestuoso Hotel Habana Libre, la imagen de este emblemático hotel habanero puede contemplarse en las postales, con su enorme vitral fruto de la afamada pintora cubana Amelia Peláez. Al frente se ubica la famosa heladería Coppelia, y un poco más allá, en la misma esquina, el cine Yara, cita de jóvenes estudiantes y punto obligado de los cinéfilos.

Hotel Habana Libre
Foto: Kamira / Shutterstock.com

Siguiendo la calle 23, un poco más adelante nos espera la esquina de 23 y 12, con su cafetería La Pelota, lugar de divertidas discusiones, cuando de nuestro deporte nacional se trata, tan acaloradas llegan a ser estas discusiones que la famosa intersección es conocida también como “La esquina caliente”.

Foto: Cubadebate

Otra esquina vital de La Habana la conforman las calles Infanta y San Lázaro que devino símbolo de las luchas estudiantiles, en tiempos de la república neocolonial. Famosa es también “La Ostionería de San Lázaro” donde miles de cubanos han degustado sus ostiones y alguna que otra cervecita.

jakubtravelphoto / Shutterstock.com

Cambiando de rumbo, nos movemos hacia el Cerro hasta llegar a “La Esquina de Tejas” que fuera en sus inicios solo un cruce de caminos para luego convertirse en una importante zona comercial, y donde comenzó su carrera artística el inolvidable humorista Enrique Arredondo.

Foto: CubaBnB

Y no puede faltar en este recorrido por las esquinas habaneras, una que estuvo en los labios de casi todos los cubanos, gracias a un chachachá creado por Enrique Jorrín. Seguro sabes que hablo de la esquina de Prado y Neptuno.

Laetitia Fernandez / Shutterstock.com

El tema de La engañadora, atrajo a muchos visitantes, que sí vieron pasar a muchas mujeres muy bien formaditas, con su rítmico paso y un vaivén armonioso, pero… ¡sin rellenos!








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