El regreso a Cuba

Foto: Angelo Domini
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Cuando pasas fuera de Cuba años, meses, y hasta pudieran ser días hay un antes y un después para los cubanos. El antes por la expectativa de que todo salga bien, los pedidos familiares, y el propio sentido de la aventura. Pero cuando llega el después es mucho más complejo.

El proceso inicia desde el momento mismo en que llegas a suelo extranjero, te sientes en la obligación de buscar un detalle para cada amigo o conocido. Vas a los centros comerciales y ves a los seres queridos en los objetos de su gusto, y eso te entusiasma.

Luego te das cuenta de que a pesar de trabajar muchísimo, el dinero no te da para llevarle regalos a todos y comienzas a priorizar (1: familia, 2: amigos cercanos, y 3: vecinos de barrio). Obviamente con todos no vas poder quedar bien, y esa sensación te agobia.

Crees que van a decir que bebiste de la coca cola del olvido o te has vuelto tacaño, y algunas personas así lo comentarán, pero tranquilo, no son las que te quieren de verdad, sino las que esperan algo de ti más allá del cariño.

Llega el añorado momento de volver a la Isla vistes tus mejores galas, para que los conocidos vean lo bien que te fue, aunque solo sea apariencia y cada kilo te lo hayas ganado con inmenso sacrificio.

Siempre habrá quien diga “hay pero que flaca vino”, “está gordísimo”, “qué lindo se ha puesto”, o simplemente “parece que trajo muchas cosas”. Las habladurías no se hacen esperar. Eso depende de cuánto te quiera u odien, pero chismes sobre el recién llegado no faltan.

Lo peor resulta la presión social que cae sobre el que llega. Automáticamente tiene la obligación de pagarlo todo, (si como cuando no estás en Cubita le das una patada a una piedra y sale dinero…) A veces ni siquiera lo dicen pero tú mismo sientes que debes hacerlo.

Al final experimentas un inmenso orgullo de satisfacer aquellas necesidades de los seres queridos que antes no podías. No eres rico, pero que rico se siente devolver un poco de lo que te dieron tus padres desinteresadamente.

Retribuir los desvelos, los consejos, los tiempos de alegría, y los de tristeza. Y aunque las cosas materiales resultan lo menos importante para los que te quieren, poder darles algo, un detallito tiene un valor sentimental incalculable. El regreso a Cuba es eso, una vorágine de emociones personales y colectivas, cada cual lo asume a su manera, pero la experiencia es necesaria.

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