El bembé de mis recuerdos

Foto: Michiel van Nimwegen
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En aquellas noches de bembé, en mi pequeño batey sonaban tambores por doquier. Se respiraba un fuerte olor a flores, a dulces, a ron y a tabaco. Recuerdo que, en la escuela, antes de irnos, nos poníamos de acuerdo para encontrarnos en algún punto de nuestra pequeña geografía y salir a recorrer, una por una, todas las casas que celebraban un bembé esa noche.

Nunca nos quedábamos en la puerta, sobre todo después que alguien nos dijo que si permanecíamos en la entrada recogíamos todo lo malo que iban quitándole a la gente que santiguaban. Por ello, rápido entrábamos y “disfrutábamos” aquellos espectáculos de rezos y canciones de la santería cubana.

Siempre escogíamos, para quedarnos, el lugar que mayor variedad de dulces tuviera y si había menos gente que en los demás mucho mejor, aquello nos daba la idea de que podríamos comer más. Pero era solo una idea. La realidad es que casi nunca conseguíamos quedarnos para disfrutar de ese momento, era lo último de la fiesta.

Hubo un día en el que si nos dimos gusto (mirando). Mientras la gente disfrutaba de aquella fiesta para pedirle a los santos y pagarle las promesas, nosotros fuimos escogiendo, cuidadosamente, qué queríamos de una esquina de la sala que estaba llena de platos con cuanto dulce podía hacerse por esos años.

Los habían acomodado en el piso, rodeados de velas encendidas y ofrendas. Nosotros también estábamos en el suelo, sentados con las piernas cruzadas, poniendo toda la atención en los manjares que no nos dejaban pensar en lo tarde que se hacía.

Tampoco nos importaba mucho el horario. Nos habíamos hecho la promesa de comer dulces ese día. Pero nuestros planes se vieron frustrados cuando fueron llegando nuestros padres a recogernos, unos más molestos con otros, en fin, nos llevaron. Cada vez fui sintiendo más lejos los tambores y el bullicio de la gente. De regreso a la casa pensaba, descontroladamente, en los dulces (seguro mis amigos también).

Recordar un bembé me deja el sabor de lo cubano, de lo tradicional, del ajiaco de mi isla y de su lado folclórico.

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