Cuba más allá de la libreta de abastecimiento

Foto: Evan Chu
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Max es un alemán que fue de visita a Cuba por primera vez. Se encargó de hacer la tarea e investigó todo cuanto pudo sobre la isla. Él deseaba visitarla hacía mucho tiempo, pero le preocupaban unos cuantos detalles, tenía muchas dudas.

A Max le dijeron que en Cuba se pasaba hambre, que los cubanos solo podían comer lo de la libreta de abastecimiento y que todo lo demás era prohibido. Le contaron que en la isla había mucha tristeza en los rostros de la gente.

Pero el rubio de ojos verdes y un cuerpazo estructural llegó a La Habana y allí conoció a María, una holguinera de 23 años de edad con tremendo average y más horas de vuelo que Cubana de Aviación.

María no solo le enseñó a disfrutar del caribe, sino que le mostró que en Cuba había un mundo más allá de la libreta de abastecimiento. Que los cubanos no comen carne de res todos los días, pero se las ingenian para tenerla en la mesa de vez en cuando. Que a los siete años les quitan la leche que le dan en la bodega a los niños pero que sus madres no descansan para que no les falte en el desayuno.

El “blanquito alemán” entendió que la cuota de arroz y azúcar no alcanza ni para la mitad del mes, pero que ayuda a amortiguar los gastos. Aprendió lo que era pollo por pesca`o y carne de dieta.

Max y su mulata recorrieron todos los rincones habaneros, los lindos y los menos lindos. Así pasaron los 15 días por los que el rubio de ojos verdes viajó a la capital cubana.

Y así se fue, con la promesa de regresar a ese archipiélago y totalmente enamorado de una holguinera que le enseñó la verdadera vida. Max se fue conquistado por Cuba (y con menos dudas).

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