Cosas que extraño de mi barrio

Foto: Ken Walton
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Extrañar forma parte intrínseca de la vida del emigrante cubano. Y es que sentimos tan intensamente por lo nuestro, que aun en la abundancia la nostalgia de lo que quedó atrás irrumpe de vez cuando para recordarnos que la tierra llama.

Después de la familia lo primero que comienzas a extrañar es el barrio. Te parece extraño llegar de trabajar y que nadie te salude y pregunte como estás, porque tus vecinos no han llegado o ya están encerrados en casa.

Ahí vienen a tu mente los 30 minutos agregados que demorabas en llegar a la casa del trabajo por pararte en la esquina, a conversar con el vecino de pelota o de la televisión cubana.

Extrañas bañarte corriendo y casi comer en la calle debido a los gritos de “Henry”, que anunciaban una mesa de dominó lista para empezar el torneo. Y por lista me refiero a todos los acompañamientos, el traguito de ron, las banquetas dispares, los dicharachos graciosos, los chistes y el compartir como una gran familia de negros, blancos, mulatos y amarillos.

Rememoras con añoranza las tertulias nocturnas para debatir cualquier cosa o simplemente refrescar del calor abrumador de la Isla.

Nunca olvidas cuando tus vecinos se relevaban unos a otros para cuidar a tu gente en el hospital. Las visitas, los caldos, las palabras de aliento. Necesitas sentir eso otra vez y ya no lo tienes.

Te martillan los recuerdos de aquella anciana que no tenía televisor en su casa e iba a ver la novela a la tuya, y luego se la pasaba dándole consejos a la familia sobre situaciones de la vida.

Se extrañan también la carcajadas a todo volumen en la casa de al lado, las peleas de vez en cuando, la música, la gente. Hasta llegas a pensar en la chismosa de barrio como alguien curioso de los rumores.

Quieres y sientes más. Añoras volver para vivir un pedacito de aquella vida otra vez. Volver al barrio como si el tiempo no hubiese pasado. Saludar de beso y abrazo, recibir dulces y platos típicos, llegar frente a un cartel que diga “bienvenido”. Mirar las aceras, los muros y recordarlos tuyos. Volver al barrio y ser la vecina otra vez.

 

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