Cosas que extraño de las reuniones con amistades en Cuba

Foto: lezumbalaberenjena
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Vivir fuera de Cuba te limita de algunas cosas, y si las puedes hacer ya no saben igual. Ese es el caso de las reuniones de amistades.

“Afuera” los cubanos siempre se las arreglan para pasar al menos una tarde juntos, como una remembranza de las miles de tertulias inventadas de último momento, solo con el fin de compartir alegrías, tristezas o bebidas, estar unidos era lo importante.

Claro, como en muchas ocasiones tu familia y buena parte de los amigos quedaron en Isla o regados por el mundo, y esos pequeños encuentros constituyen un respiro ante el gorrión que aflora atrevido cuando estás lejos de los tuyos.

Pero este tipo de eventos sociales fuera de la patria querida resultan diferentes. Sí, obviamente sobran las bebidas, comidas, “saladitos” y chucherías como les decimos en Cuba a los alimentos ligeritos para picar. En la fiesta aun cuando sea improvisada hay cosas para satisfacer todo los gustos, y eso por supuesto es una gran satisfacción para el cubiche que siempre se vio obligado a inventar de todo para armar alguna celebración grupal.

Aún con las condiciones creadas faltan cosas que todo el dinero del mundo no puede comprar. Comenzando por los ausentes, aquellos hermanos que no llevan tu sangre pero se comportan como tal. Faltan también personajes típicos de tu vida antes de emigrar. Ya las fiestas no se improvisan y tampoco se llevan a cabo tan a menudo como antes. Miles de factores lo impiden: El trabajo, el ajetreo diario, el poco tiempo de interactuar físicamente.

A veces creo que si se pudieran hacer fiestas reales a través de Internet, ahora esas tertulias tan necesarias no existirían. Por suerte aun no hallan la manera de hacerlo, porque el roce físico, las risas, los chistes, las miradas cómplices son tan necesarias para el cubano como el aire o el agua.

Preferimos evitar el aburrimiento en comunidad, con tragos, bailes, música, en familia. Y no me refiero solo a la familia obligada, sino a esa que vas adquiriendo en cada lugar donde encuentras una persona buena que se gana tu aprecio. Entonces te das cuenta que extrañas eso, esas horas donde somos nosotros mismos sin remilgos, donde gritamos, decimos malas palabras, nos mostramos tal y como nos hizo Cuba, sin temor a ofender, a quedar mal, o molestar al casero y los vecinos, porque aun en sus casa ellos disfrutan con tu música y con las carcajadas que se filtran por la ventana. Están felices de tu alegría, y eso se extraña.

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1 Comment
  1. Mary says

    Sí así es, tienen mucha razón, pero aquí también tengo la dicha de casi todas las noches hacemos nuestra tertulia y si son los fines de semana más, pero a pesar de todo se extraña. ………..

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