El chismoso: un personaje típico de los barrios de Cuba

Foto: Amni Q
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¿Qué cubano no ha tenido un vecino chismoso? Y digo chismoso por calificarlo de alguna manera porque denominaciones para este tipo de persona en la Isla existen muchísimas. Desde “radio bemba” haciendo referencia a la palabra que va de boca en boca, hasta el nombre de cualquier emisora, canal de televisión o programa informativo.

Este personaje está distribuido por toda Cuba. Generalmente aparecen 2 o tres por cuadra, esa es la cuota aproximada. Pueden trabajar en grupo o de manera separada. Todo depende del nivel de ocupación en la jornada.

Sí, porque se suele pensar que los chismosos no tienen nada que hacer, pero resulta que actualmente han ido surgiendo nuevas modalidades que permiten ejercer esta profesión alternativa después del trabajo oficial. Claro, no te enteras de todo de inmediato pero es algo.

Obviamente el palo noticioso lo da el que permanece en el barrio la mayor cantidad de tiempo, al no ser que la suerte ilumine al otro y dos conocidos vecinos se metan en una bronca justo frente a tu trabajo. En ese caso es el chismoso alternativo el que llega con la última.

Entonces el chismoso a tiempo completo queda relegado a saber por fuentes de segunda mano. Ahí es mucho peor, porque el interrogatorio se convierte en el arma fundamental para enterase a fondo de la situación y luego recargarlo siempre con la frase: “no se lo digas nadie”, claro, no hace falta si ya él/ella se lo dijo a todo el mundo.

Entre los trending topic de los chismosos cubanos están los tarros (infidelidades) o la presunción de los mismos. Basta que venga a visitarte un compañero de trabajo sin la presencia de tu esposo y comienzan las especulaciones, que si cerraste la puerta, que si demoró 2 horas, que se oían quejidos…Otro de los más pega’os son el paquete, la novela, lo mandados de la bodega, el explote de un dirigente, o el historial amoroso de las muchachitas del barrio.

No sé si por molestos, graciosos y hasta buena gente que son algunos, se han convertido en personajes que dan colorido a las vecindades cubanas. Salen hasta en la sopa, todo lo preguntan y siempre conocen el ámbito noticioso de la cuadra, y claro, lo difunden. Esta especie de divulgador social forma parte ya de la vida del cubano y aunque son más molestos que útiles siguen estando ahí, “a la que se cae”.

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