5 cosas que se extrañan de nuestra madre cubana

Foto: Mike Miller
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Salí de Cuba una tarde de verano. Era lunes, 22 de junio del año 2015. Iba con ropa interior amarilla para la buena suerte y con una piedrecita bautizada dentro del monedero. Hasta el aeropuerto me acompañaron mis padres, quienes parecían muy tranquilos, aunque sé que se estaban derrumbando.

Como “primeriza” al fin no sabía nada de procedimientos aduaneros así que crucé al salón de espera sin poder abrazar fuertemente a mi mamá y a mi papá.

Mi madre, enseguida, le pidió a una señora, que ni siquiera conocía, que me cuidara y me guiara. Hace más de 12 meses que no veo a mi viejita adorada y no hay una noche en la que me acueste sin antes pensar en ella y pedirle a Dios que le de mucha salud.

La extraño mucho. Demasiado. Añoro…:

Sus palabras dulces: una buena madre siempre tiene para su hijo las frases adecuadas. Si queremos consuelo, amor o comprensión solo tenemos que ir hasta ellas. Mi madre sabe cómo cambiarme el día con solo una palabra, su ternura es tal que es capaz de espantar toda la tristeza del mundo con solo hablarme.

Sus consejos: a veces preferirnos ocultarles nuestros problemas a las madres, a veces lo hacemos para no preocuparlas o por temor, sin embargo, ignoramos cuánto pueden ayudarnos. Ellas tienen un caudal de conocimientos y experiencias muy valiosas. Mi madre es de las que se equivoca muy poco, tiene siempre el consejo adecuado para mí.

Su arroz con leche: este es mi dulce preferido y, por mucho que intento hacerlo como ella, no logro superarla. Es una maestra haciéndolo, o por lo menos a mí me parece que lo es. Sabe hacerlo y darle ese toque especial que le añaden unas cascaritas de limón. Le queda suave, en el puntillo de azúcar que me gusta y, si viene de sus manos, dura bien poco en el frío. A veces lo hago, solo por el placer de recordarla, aunque no sepa igual.

Su manera de ver la vida: es optimista, de ella lo heredé. Nada la hace convencerse de que no quedan esperanzas. Tiene mucho amor para entregar. No ve la vida en blanco y negro. Su mundo está lleno de colores. Extraño esa alegría que la caracteriza.

Su abrazo: No existe nada más alentador en el mundo que el abrazo de una madre, ya sea ante una situación de festejo o de consolación. En el de la mía encuentro toda la paz para continuar adelante, para saber que no estoy sola, para respirar nuevamente.

No soy madre, no obstante, sé que por los hijos se siente un amor incomparable, pero por nuestra madrecita se viven emociones tan intensas que no hay cómo describirlas. Que Dios bendiga a la mía…y a todas las demás.

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1 Comment
  1. Natacha torres says

    Estrańo a mí madre y mi pueblo bello es Guines

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