10 vallas y la conquista antillana

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conquista antillana
Foto: Denis Kuvaev / Shutterstock.com

El romance entre Cuba y las vallas es real, es añejo y está vivo.

Caracterizada por ser una disciplina bien complicada, la carrera de los 110 metros con vallas combina precisión, agilidad y una técnica de movimientos que roce lo impecable. A pesar de ello, los cubanos la han conquistado, dominado y en algún momento hasta han sido sus reyes.

El romance en juegos de verano comenzaría en  Canadá, por el año 1976. Ya en Múnich Alejandro Casañas lo había intentado y le fue esquiva, salió lesionado. Pero en Montreal el guanabacoense subía al podio olímpico conquistando su primer bronce; el otro llegaría en Moscú 4 años más tarde.

Después de algunos intentos en las piernas de Emilio Valle y Erick Batte, ambos finalistas olímpicos, llegaría el tiempo de la conquista.

En una final electrizante es Anier García quien contra muchos pronósticos alcanza llegar primero  en Sídney 2000 marcando 13 segundos y derrotando a los norteños Terrence Tramell, Mark Crear y al favorito Allen Johnson.

El santiaguero volvería al podio en Grecia en 2004 llegando tercero para darle a Cuba la cuarta medalla olímpica en ese tipo de carrera.

Y en eso llegó un guantanamero, Dayron Robles, primer cubano recordista mundial, (12,87 segundos) llegaba a Beijing de favorito para ganar el primer oro olímpico y lo logró.

Fue el mejor momento del romance que pronto terminaría. Hubo interferencias a chinos, lesiones, salidas de la selección nacional, renuncias, regresos sorpresivos y finalmente más lesiones. Aun cuando Dayron viajó a Rio, días antes de la prueba declaró que no participaría en el intento.

Pero había más, había otro pretendiente antillano. Su nombre es Orlando Ortega, es de Artemisa aunque se vista con uniforme español. En Londres quedó sexto pero ahora fue por la gloria absoluta. Aunque quedó a un peldaño de alcanzar la cima, Orlando derrochó coraje y sensibilidad continuando el extraño romance de Cuba con las 10 vallas.








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