¿Qué pasa cuando un cubano se fija en una mujer?

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Más que famosa resulta la habilidad de los cubanos para el arte de la conquista. Inventan desde los piropos más extraños y graciosos, hasta las estrategias a todas luces suicidas y alocadas. ¿Y qué decir de las miradas arrebatadoras que tanto gustan entre las féminas?

Lo cierto es que en ese ámbito como en todo en la vida, el isleño va a los extremos. Lo primero que sucede es la atracción, que no se queda solo en miradas insinuantes o tímidos galanteos. El oriundo de Cuba en su mayoría va directo al grano. El lapso de tiempo entre una etapa y otra vuela como las aves.

De ahí al intercambio de palabras no va casi nada. Por suerte evitan caer en frases manidas: “¿Nos conocemos de algún lugar?”, “yo creo haberte visto” y otras del mismo estilo. El antillano prefiere decir frases pícaras o cómicas, de esta manera comienza por sacarte una sonrisa.

Los más rápido te dicen directamente que eres una belleza y te invitan a salir o interrogan para descubrir tu dirección y teléfono. Además no se cohíben ante familiares o amigos. Incluso puede que ya sean tus novios y ni tu misma lo sepas.

¿Y como saberlo, si te dan la noticia en el momento?: “Señora usted vaya con dios que yo voy con su hija”, “Suegra que bien nos vamos a llevar usted y yo”…La confianza no nace del tiempo de conocidos sino del grado de enamoramiento que tenga el cubano.

En la etapa de cortejo no hay demasiado protocolo, constituir la pareja es un proceso rápido que en ocasiones no median ni las palabras. Por el carácter del isleño conocer a los padres no pasa de un momento tenso, y luego ya eres de la familia, haces uso de la casa como si fuera la tuya.

Claro, procura no caerles mal a los suegros, porque entonces sí que te salaste la vida, tu presencia en la casa será un castigo seguro. En eso caso el hombre persiste aunque sea solo por molestar.

La realidad prueba que el cubano en temas de pareja persigue lo que quiere sin descanso, aunque no somos famosos por la paciencia, los hombres «nos dejan correr» como solemos decir en Cuba, y nos “agarran bajando”.

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