«No le doy el permiso de salida»: la historia de Mabel

Foto: lazyllama / Shutterstock.com
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Mabel siempre se consideró una luchadora de la vida, y así la veían sus amigos y vecinos del barrio. Desde niña se crió sola con su mamá y hermano menor. No tenía lujos obviamente, pero si mucho amor y cariño.

Las carencias económicas nunca la detuvieron. Vendía lo mismo croqueticas, que ropa de segunda mano, cualquier cosa por ayudar en la casa.

Con ese ímpetu se graduó de Filología en la universidad y al terminar la carrera comenzó a trabajar en el museo de bellas artes de su localidad.

Claro que no le alcanzaba el salario como le sucede a la mayoría, pero ella se las ingeniaba para lograr una economía familiar aceptable, por lo menos tenían lo necesario.

Allí en el museo conoció a Rafael, un joven que trabajaba cerca de allí. Hicieron amistad y rápidamente pasaron a una relación de pareja. Pronto Mabel salió embarazada. No estaba planificado, pero ya la situación estaba y había que enfrentarla. Se casaron y tuvieron a Melissa.

Por desgracia al poco tiempo de nacer la bebé las cosas dejaron de funcionar. Rafael se volvió malhumorado, y no ayudaba en la casa que Mabel había construido de propio esfuerzo. En fin, la relación terminó.

Poco se ocupaba Rafael de la nena, de vez cuando (muy de vez en cuando) la recogía unas horas para llevarla al parque y con la mantención, que tampoco cumplía a cabalidad, creía que el problema estaba solucionado.

Tiempo después a Mabel se le presentó la oportunidad de irse del país a una maestría y ahí comenzaron los problemas. Aquel padre desnaturalizo decidió que ahora si quería a la hija, no para vivir con él, claro, pero si la quería cerca.

Se empeñó en no darle el permiso de salida y Mabel tuvo que irse sin su hija, pero con la esperanza de que Rafael cambiara de opinión. Y no lo hizo. La joven pasó casi 2 años sin ver a la nena más que por fotos.

Luego consiguió trabajo en el extranjero, pero sin la niña no había opción. Decidió regresar a estar con su hija, pues no había manera de llevarla consigo.

Más tarde el padre cedió, pero ya no había contrato. Igual Mabel se fue de su tierra, pero ya sin las oportunidades de antes. Todo gracias a aquella frase que aún le taladra la mente “No te doy el permiso”.

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1 Comment
  1. Aracelis Guevara Jimenez says

    Por esas estoy pasando yo y estoy esperando que mi hijo cumpla la mayoria de edad .El padre no le da nada y no quiere ver a mi hijo ni en pintura ,pero tampoco le quiere dar la salida .Yo todavia no se como el govierno permite que un padre que no mantiene a su hijo y no le da de nada tenga derecho a negarle la salida ,solo por joder. Y como yo y esta historia habemos miles.

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