Historia familiar: el tío Albérico

Foto: Nano Anderson
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Albérico era un pariente lejano de la familia que, de vez en cuando, nos hacía la visita. Mi hermano y yo le decíamos “tío Albérico.”

Era una fiesta escucharlo conversar, reírse y utilizar frases que solo emplean los camagüeyanos: vaina, faino, fonil. Las charlas duraban hasta casi la medianoche.

Pero si escucharle aportaba placer a los de casa, los más pequeños nos poníamos contentos con su llegada porque, al despedirse, siempre nos hacía un regalito.

Albérico era un guajiro de pies a cabeza. Usaba un sombrero de paño, camisas mangas largas a cuadros y botines de cuero. En su sonrisa podía divisarse un diente de oro.

Tenía fama de solterón y de pagar a mujeres para el acto amatorio. Su oficio era el campo, las bestias, el surco y de ahí extraía su ganancia. Siempre fue muy cariñoso y conversador.

Cuando llegaba a casa, se le preparaba una camita pequeña que era solo para huéspedes. El tío dormía una noche y regresaba a su hogar al siguiente día. Nosotros lo despedíamos con un abrazo.

Sucede que Albérico dejaba, como al descuido, unas monedas sobre las sábanas, suficientes para repartir entre nosotros que saltábamos de alegría ante aquel donativo.

No era común que nuestros padres nos dieran dinero, tal vez eran muy austeros o tacaños, por eso queríamos tanto al guajiro que religiosamente dejaba unos centavos sobre el camastro.

Ese dinero más tarde se convertía en dulces, golosinas y meriendas o iba a parar a la alcancía personal de cada uno.

Cuando el tío Albérico se marchaba y no se cercioraba de cumplir su ritual, metía la mano en el bolsillo y nos entregaba, a mi hermano y a mi, uno o dos pesos en fracciones de veinte o cinco centavos. ¡Qué riquera!

El día que murió no lo quisimos creer. Mi hermano y yo, ya muchachones, nos entristecimos con la noticia y fuimos corriendo a la última habitación de la casa.

Allí no dijimos palabra alguna, solo nos miramos brevemente. Y ante la añeja cama personal recordamos aquel buen hombre que, un par de días por semana, nos trajo la alegría en forma de medios y pesetas.

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