El Sagú y otros alimentos caseros para bebé en Cuba

Foto: lavillabebe.com
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Sí, ya sé, amable lector, que quizá no entiendes nada el titulo del post. Imagino que me leas desde New Jersey, Madrid, La Rioja o cualquier rincón insospechado del mundo y que la enciclopedia cubana en línea, la mulatísima Ecured, no te aportó referencias al respecto.

Pero deja que te haga una historia: en mi país, Cuba, son comunes los alimentos caseros para bebés. Nuestras madres fabrican cocidos que se emplean luego del “destete” o, para decirlo más bonito, después de la etapa de lactancia materna.

Son ellos, además del sagú, la natilla, el pudín, la mermelada, la bananina, el agua de arroz, la yuquilla o las compotas criollas de mango, zanahoria, fruta bomba y guayaba.

Valeria y Beatriz, dos madres cubanas son “especialistas” del tema. La primera se levantaba temprano en la mañana antes de que sobreviniera el apagón (así le llaman allá a las interrupciones del fluido eléctrico), pero siempre se le hacía tarde.

Cuba vivió una tremenda crisis en los años 90 y era necesario hacer malabares para preparar estas pócimas. El fluido eléctrico lo quitaban en una zona residencial, pero se mantenía activo en otra. “Entonces cogía la bicicleta con lo que había cocinado e iba a otro sitio donde hubiese corriente eléctrica para mezclarlo en una batidora.”

Beatriz, por su parte, dice que sus hijos no solo tomaron compotas, jaleas y gelatinas “de fábrica”, también alternaron con los preparados domésticos. “Los que tienen en la familia a una abuelita no se dejan llevar por los productos industriales.

¿Y este consumo obedece a un asunto económico o es que gusta a los nenes?

“Es cierto que ayuda a la economía familiar, pero también el bebé desarrolla el paladar y se nutre. Se les da carne de res, carnero y pollo, eso en pequeñas proporciones.”

El mejunje que traía Valeria, pedaleando y con la batidora a cuestas, tenía malanga, carne de vaca, zanahoria, habichuela, ajo y cebolla. Era un manjar para su varoncito. Beatriz añade “no puedes olvidar el puré de malanga, que puede ser solo con carne, plátano, calabaza o un puñadito de arroz o lentejas.”

 La bananina se prepara a base de plátano verde o plátano macho, se seca, se muele y se cocina con la leche.

La natilla se elabora a base de maicena: se disuelve una parte de ella en leche tibia ya endulzada y se mueve a fuego lento. Cuando adquiere la consistencia que se desea, se le agrega vainilla y se le rocía la canela en polvo por encima al servirla.

¿Y el sagú?, ¡ah, el sagú!

Según la Red Telemática de Salud en Cuba es natural de América del Sur y se le conoce como Maranta, Platanillo de Ciénaga y Sagú cimarrón. No obstante, preferí la experiencia de mis entrevistadas a modo de conclusión:

“El sagú es un tubérculo que se seca y se muele. Es más rico que la maicena y pone la leche espesa. Se le agrega una o dos cucharas al litro de leche, en dependencia del espesor que le quieres dar. Si le añades bastante se hace como una natilla. Es un excelente alimento”

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