«Cuando salí de La Habana de todo me despedí»: la historia de Betsy

Foto: Gil.K / Shutterstock.com
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“A mí me tocó despedirme de mi familia, mis amigos, de todos”. Así rememora Betsy su partida de la Isla con solo 18 años. Había estudiado en una escuela militar y para lograr el permiso de salida que debía firmar su madre, recurrió hasta al chantaje emocional.

-“Si no me lo das me voy en una lacha”, fueron sus palabras.

Su vida en La Mayor de las Antillas no estuvo llena de lujos como muchos piensan. Ella y su mamá Beatriz, doctora en un centro asistencial, luchaban el dinerito por todas las vías posibles. Vendían croquetas de “ave” (averigua de qué eran), pie de guayaba o coco dependiendo de la disponibilidad, y salían al vecindario a sacarle partido al arte culinario.

Se crió entre hombres, no de los mejores ejemplares. Tres tíos, uno con enfermedades mentales, e ingresado en un centro especializado. Otro estaba metido en el mundo de la “bolita” (lotería en Cuba) y en el juego de dominó por dinero. Y el último un pieza despreciable que hasta se le imputaron cargos de violación. Estos sucesos marcaron también la niñez de Betsy.

No faltaron en su cotidianidad los maridos de Beatriz, que cometía a menudo el pecado de ser más mujer que madre. Uno de esos padrastros que pasaron por casa de Betsy, la acosaba y espiaba a espaldas de su mamá. Y aunque la niña le decía lo que pasaba a quién se suponía debía protegerla, esta nunca la socorrió, hasta que la situación se hizo demasiado evidente y la bomba explotó.

Por suerte tuvo la dicha de contar con magníficos abuelos, aunque su papá Manuel, no había estado en esos momentos en los que más lo necesitó.

Manuel, vivía a 90 millas de la isla. Las ganas de salir de Cuba le llegaron mucho antes que a su hija, y por consiguiente partió sin mirar atrás, cuando Betsy era apenas una niña.

Más tarde sería la joven que dejaba Cuba en busca del sueño americano, junto a un padre ausente la mayor parte de su vida. Hoy le agradece infinitamente todo lo que ha hecho por ella en esta nueva experiencia en nuevo país, pero en el fondo de su corazón siente que el gesto ha llegado tarde.

Por eso cuando Betsy salió de La Habana de muchas cosas malas se despidió. Pese a eso cada vez que puede vuelve a “su isla” como suele llamar a Cuba, porque allá tiene muchas personas que quiere, su abuelita, la única que le queda ahora, y que por desgracias padece de una enfermedad terminal.

Ahora solo le queda tener a su mamá junto a ella “a pesar de los pesares”. Hoy solo puede decir que dejó en su tierra cosas malas y buenas. Y como la canción del perrito chino quedó esta historia

«Cuando salí de La Habana de todo me despedí, especialmente de mi Cuba y de toda la gente linda que deje detrás de mí» «Ay Cubita de mi vida, Ay Cubita de mi amor».

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