Cosas que extraño de mi casa en Cuba

Foto: Rogério Tomaz Jr.
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A veces podría parecer que quien sale de Cuba lo hace pensando que el extrañar no va durar, pero luego te das cuenta de que sí, dura, dura demasiado el deseo de regresar a pasar tiempo con los tuyos, a disfrutar del país que dejaste con manchas y todo, de tu casa, ya sea lujosa o no, pero siempre será tu casa.

Y cuando piensas en el hogar que te vio nacer, no solo recuerdas a la familia, las habitaciones llenas y todo lo que eso significaba. En ocasiones solo recuerdas la vivienda y los sentimientos que esta provocaba.

Yo adoraba el momento de levantarme los fines de semana y correr a la cama de mi mami a besarla y recostarme un rato con ella. Luego ver juntas una película de animados o cualquier cosa, lo importante era compartir.

Esa sensación queda hueca cuando vives lejos y sin tus seres queridos. Aquella casa que sigue siendo tuya aun en la ausencia te llama a gritos, te pide que regreses a ponerle alegría, porque tampoco es la misma con tu falta y todos se dan cuenta.

Quizás tengas una casita nueva, lujosa como nunca la soñaste, pero aún te quedan los recuerdos de la infancia, donde el pedacito de suelo que habitabas tenía todo lo necesario. Cuando no esperabas nada más que tener a los tuyos cerca y disfrutar con ellos de los momentos de alegría y aliviar los de dolor.

Lo cierto es que de lejos te das cuenta que el espacio reducido de tu casa te hacía inmensamente feliz en muchas formas. Con peleas familiares, discusiones, locuras, fiestas, entorno…

Entonces recuerdas, no solo era la casa, era el barrio, la gente, era Cuba. Todo aquello unido devenía una burbuja protectora, el lugar donde cada cosa está su lugar y cumple la función a la perfección. Por eso aunque vivas en la mejor de las viviendas siempre guardarás un pedacito de nostalgia para aquella que te vio crecer. Allí donde viviste recuerdos irremplazables que quisieras repetir.

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